SOBRE MI

Mi punto de inflexión

Era una sala bastante pequeña. La mitad del espacio estaba ocupado por una gran mesa ovalada de madera oscura y con muchas sillas desordenas a su alrededor. Parecía que se hubiese celebrado una reunión y todo el mundo hubiera salido con prisas.

La azafata me invitó a entrar y me ofreció asiento con una sonrisa de complicidad.

Intentando disimular mi nerviosismo, respiré profundo y crucé la sala hasta una silla al lado de la ventana. Con voz susurrante, saludé a otras cuatro chicas que había en la habitación. Todas ellas me parecieron guapísimas y perfectas…

¿Qué hago yo aquí? No tengo nada que hacer… – pensé. Pero ya que estaba ahí… tampoco tenía nada que perder.

Dos de las chicas, en voz baja y cada una con la mirada fija en puntos contrarios de la habitación, recitaban el guión que nos habían enviado. Estaban totalmente concentradas en sus oratorias. En cambio, la de mi izquierda no dejaba de hablar y reírse de forma un tanto exagerada. Quizá era víctima de una excitación descontrolada o tal vez se sentía segura de sí misma al haber trabajado en la radio.

La cuarta chica era valenciana. También tenía experiencia en los medios de comunicación, pero estaba muy preocupada por su acento y su precariedad laboral. Yo intentaba consolarla mientras asentía con la cabeza al monólogo de la chica de la radio.

Todo muy surrealista…

Pero supongo que me encontraba bajo los efectos de una sobredosis de hormonas y todo me conmovía… Tanto como para animar a mis adversarias.

Y así me presenté. Con una tripa gigante de 9 meses y dos días –ya en tiempo de descuento- y una sonrisa vestida con brákets. La cara de sorpresa de todos los que formaban parte del jurado del casting no se hizo esperar. Yo era muy consciente de mis hándicaps, pero ambos desaparecerían en breve y así lo manifesté nada más decir mi nombre.

Por si mi aspecto no era suficientemente desconcertante, me armé de valor y corregí el guión que nos habían hecho memorizar. Había un error importante y ¡no podía faltar a la ciencia!

Cuando salí a la calle me derrumbé. Toda la tensión, los nervios, la inseguridad y las hormonas estallaron a la vez y me eché a llorar. No dejaba de pensar en que lo podía haber hecho mucho mejor.

Mi compañero, quien me animó a presentarme al casting, acabó de arreglar el pinchazo –sí, pinchamos una rueda de camino…– y regresamos a casa.

Pocos días después me llamaron para comunicarme que estaba entre los finalistas. ¡No me lo podía creer!

Debido a mi situación personal era imposible poder acudir en persona al último casting –daría a luz en breve-. Me dijeron que valorarían el material que tenían sobre mí, pero les aseguré que podía hacerlo mejor y que quería tener las mismas oportunidades que el resto de candidatos. Así que les propuse la mejor idea que se me ocurrió: grabaría yo misma mi última prueba. Sólo necesitaba las instrucciones, pero llegaron más tarde de lo que pensaba. Las recibí el día después de convertirme en madre.

Estudié y recité el nuevo guión mientras caminaba por los pasillos del hospital. Tan pronto tuve el alta, mi madre y mi hermano me acompañaron a un pequeño pinar que había en la zona de aparcamiento de la clínica. Allí, en el mejor escenario que pude encontrar, recién estrenada como madre, con mi pequeño aún ingresado y armada con una pequeña planta ornamental, interpreté un texto sobre plantas carnívoras y otro sobre volcanes.

Me seleccionaron.

Desde entonces tengo el honor de presentar un maravilloso programa de divulgación científica y naturaleza en La 2 de TVE –Animalades en su origen y actualmente ¡Qué Animal!-, colaboro en el programa matinal Aruser@s de La Sexta y soy autora del libro Adaptarse o morir, los secretos de la naturaleza para sobrevivir en el mundo animal (Ediciones Paidós del Grupo Planeta). Además, imparto charlas y cursos, participo en diversos eventos y mantengo intacta mi ilusión por emprender nuevos proyectos que me enamoran.

Mi punto de inflexión es una de las muchas historias que dan forma a mi vida. Algunas mejores que otras, pero hay unos ingredientes que nunca faltan: el amor y respeto a la naturaleza, y mi extraña  capacidad de creer que todo es posible. ¿Y por qué no?

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